Un cuento en verso que sigue el viaje de una flamenca que descubre con dolor que su huevo ha sido trizado. Impulsada por la angustia y el instinto protector, la madre comienza a interrogar a los animales de la sabana, convencida de que uno de ellos es el responsable.
Cada encuentro es una lección de empatía y observación. Los animales explican por qué no han podido ser ellos. Este recurso narrativo repetitivo, propio de los cuentos acumulativos, genera expectativa y, a la vez, enseña sobre la diversidad del reino animal: cada pisada, mano o surco es único.